La Cumbre Mundial sobre la Alimentación que se inaugura hoy en Roma debe ofrecer a la comunidad internacional en su conjunto la ocasión de reafirmar la imperiosa necesidad de garantizar la seguridad alimentaria para todos.
Por ello deseo, antes que nada, felicitar al Sr. Jacques Diouf, Director General de la FAO, por haber exhortado a los países a hacer nuevos esfuerzos y adoptar nuevas iniciativas en el contexto de la Declaración de Roma y el Plan de Acción a los que está dedicada esta Conferencia.
Deseo también agradecer a las autoridades italianas su hospitalidad y su cooperación. Desde hace más de cincuenta años, Italia acoge aquí, en Roma, la Sede de la FAO. Y su Excelencia el Presidente Oscar Luigi Scalfaro acaba de reafirmar ahora mismo, de la manera más clara posible, el empeño de su país en la lucha contra el hambre.
Deseo sobre todo expresar mi profunda gratitud a Su Santidad el Papa Juan Pablo II. Con su presencia y sus palabras honra hoy, una vez más, a todo el sistema de las Naciones Unidas.
Y con ello viene a recordarnos que el problema del hambre no es sólo una cuestión económica, social o política, sino también una cuestión ética y moral.
Porque el hambre es un atentado directo no sólo contra la integridad física de la persona humana, sino también contra su dignidad misma. El hambre es un insulto a los valores fundamentales de la comunidad internacional. Y somos perfectamente conscientes de que una sociedad se condenaría al oprobio y el descrédito si, a finales del siglo XX, siguiera manteniendo lo que Su Santidad ha llamado tan acertadamente "las estructuras del hambre".
Sabemos que quedan por realizar muchos esfuerzos. Porque perdura el escándalo del hambre.
¡Todavía hoy, una de cada cuatro personas padece hambre!
¡Ochocientos millones de personas sufren desnutrición crónica!
¡Ochenta y ocho países, de los cuales casi la mitad se hallan situados en el Africa subsahariana, conocen la angustia del hambre crónica y la malnutrición!
En este mismo instante, 200 millones de niños menores de cinco años padecen malnutrición y carencias alimentarias.
¡Esto es inadmisible!
Es totalmente inaceptable ver cómo ciertas partes del mundo rebosan de alimentos, mientras que otras carecen de productos alimenticios de primera necesidad.
Es totalmente insoportable ver cómo ciertos países derrochan o destruyen alimentos, mientras que otros no pueden ni siquiera subvenir a las necesidades básicas de su población infantil.
Pues el problema del hambre no es sólo un problema de producción. Es también un problema de distribución.
Esto supone un rudo golpe para nuestro concepto de la igualdad y la justicia social.
Por ello deseo asociarme plenamente a la iniciativa que ha adoptado hoy la Organización de las Naciones Unidas para la Agricultura y la Alimentación.
Confío en que esta Cumbre Mundial sobre la Alimentación depare la ocasión para una nueva movilización general contra el hambre.
Al señalar a la atención de todos las amenazas que plantean el hambre y la malnutrición para países y regiones enteras de nuestro planeta, la Cumbre Mundial coloca claramente el problema del hambre entre las principales prioridades presentes y futuras de la comunidad internacional.
Esta es la razón por la que los objetivos de esta Cumbre de Roma se inscriben plenamente en el marco de las grandes acciones prospectivas que está llevando a cabo la Organización mundial, desde 1992, en relación con el futuro económico y social del planeta.
Por otra parte, es impresionante constatar que las Conferencias de las Naciones Unidas que se han celebrado desde esa fecha han insistido todas ellas, sin excepción, y en su ámbito de competencia, en la urgencia de encontrar un remedio para el hambre y la malnutrición.
Así, en 1992, la Conferencia de Río sobre el Medio Ambiente y el Desarrollo subrayó la necesidad de garantizar la seguridad alimentaria a todos los niveles, en el marco del desarrollo sostenible previsto en el Programa 21.
Al año siguiente, la Conferencia Mundial de Derechos Humanos, que tuvo lugar en Viena, reafirmó la necesidad de garantizar a todos el disfrute de un auténtico derecho a la alimentación.
En 1994, la Conferencia Internacional sobre Población y Desarrollo, celebrada en El Cairo, hizo hincapié en los vínculos entre crecimiento demográfico y producción de alimentos, y en la necesidad de responder de manera global a las necesidades alimentarias en constante aumento de la población.
La Cumbre Mundial sobre Desarrollo Social, celebrada en Copenhague en marzo de 1995, expresó también su firme empeño en la lucha contra el hambre, haciendo de ella un elemento fundamental para erradicar la pobreza.
La Conferencia de Beijing, por su parte, señaló con razón a la comunidad internacional la función decisiva que desempeña la mujer en la producción de alimentos, especialmente en las zonas rurales, recordando que la mujer produce más del 55 por ciento de los alimentos en todo el mundo y más del 88 por ciento en Africa.
Más recientemente, la Conferencia sobre los Asentamientos Humanos, celebrada en Estambul, demostró la importancia de establecer relaciones equilibradas entre las zonas rurales y urbanas e insistió en la importancia de las ciudades para la buena distribución de los alimentos y el abastecimiento de agua potable a la población.
Así pues, la Cumbre de Roma, representa, de algún modo, el punto culminante de esta reflexión. Y es justo que la FAO haya tomado la iniciativa de organizarla, dado que, según su Constitución, la Organización tiene el objetivo fundamental de "liberar del hambre a la humanidad".
Desde esta óptica, confío sinceramente en que esta Cumbre nos brindará la oportunidad de persuadir a la comunidad internacional de que conceda una prioridad absoluta a la seguridad alimentaria y saque las consecuencias oportunas en cuanto a las medidas que habrán de adoptarse en el futuro.
Como ustedes saben, el concepto de seguridad alimentaria se abre paso desde hace tiempo en las instituciones internacionales.
Ya en 1948, la Declaración Universal de Derechos Humanos afirmaba que "toda persona tiene derecho a un nivel de vida adecuado que le asegure, así como a su familia, la salud y el bienestar, y en especial la alimentación...".
Pero es en el Artículo 11 del Pacto Internacional de Derechos Económicos, Sociales y Culturales donde, en 1966, se afirma, con mayor claridad aún, "el derecho de toda persona a estar protegida contra el hambre". Este derecho a la alimentación tiene incluso el carácter de "derecho fundamental". Es el primer derecho económico de la persona humana.
Desde que en 1973 la FAO inscribió por vez primera el concepto de seguridad alimentaria en el orden jurídico internacional, se inició una nueva etapa.
Porque ello permitió, a escala universal, definir políticas alimentarias, aplicar estrategias de acción, presentar planes a plazo medio y establecer mecanismos para situaciones de crisis y de urgencia.
Del mismo modo, las organizaciones regionales de Asia, América Latina y Africa han ideado procedimientos y modalidades de actuación. Se han hecho progresos reales y no es exagerado decir que la seguridad alimentaria ha avanzado en todo el planeta.
Esto hace que sean aún más escandalosas las situaciones catastróficas con que nos enfrentamos todavía, especialmente en el continente africano.
Esta es la razón por la que he querido lanzar este año la Iniciativa Especial de todo el sistema de las Naciones Unidas en favor de Africa.
La finalidad de esta iniciativa, en la que participan el Banco Mundial y los principales organismos de las Naciones Unidas, es poner de relieve la necesidad de garantizar de forma más efectiva la seguridad alimentaria y el abastecimiento de agua a largo plazo en Africa. La FAO desempeñará una función decisiva en este esfuerzo.
Pero, al mismo tiempo, nos enfrentamos también con situaciones de extrema urgencia.
Mientras se desarrolla esta Cumbre, más de un millón de refugiados, hambrientos y atemorizados, vagan indefensos por las montañas y los bosques del Zaire oriental.
Por ello deseo hacer aquí un solemne llamamiento a la comunidad internacional para que socorra a estos hombres, mujeres y niños que han perdido todo y que se verán condenados a una muerte cierta a menos que reciban asistencia inmediata.
¡La comunidad internacional debe acudir en ayuda de los refugiados del Zaire!
¡Tenemos necesidad de la contribución de todos: las grandes potencias, los países donantes, los estados africanos, las organizaciones internacionales y los organismos humanitarios! ¡Se trata de una situación extrema y cada día cuenta!
Si somos capaces de hacernos cargo de esta tragedia, de forma colectiva y concertada, daremos un significado real al concepto de seguridad alimentaria mundial.
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